La pequeña Sylvie

 Della la República Democrática del Congo nos llega este testimonio.
(del Cooperador Paulino, n. 5 – Mayo de 2003, pp. 15-16)
 Sylvie es una bella niña de casi 7 años que vive bastante cerca de nuestra casa. Su familia está formada sólo por los padres, pero los parientes del papá a menudo están con ellos. Papá Katambu Zefirino ha perdido su trabajo a causa de la guerra. Mamá Ilunga Liliana, ha dejado la enseñanza porque desde años no recibe salario. Se mantienen con un criadero de gallinas.

Es una familia joven y desde cuando Sylvie era pequeña, nos veíamos cada tanto. A pesar de ser cristianos, no conocen el mundo religioso. La mamá me ha dicho últimamente: «yo nunca conocí religiosas y ni siquiera puedo imaginar lo que hacen en su casa…».

Sylvie nació el 4 de mayo de 1995 aquí, en Kisangani. Ha vivido las 3 guerras consecutivas en estos 3 últimos años, pero su sonrisa es dulce e inocente como la de un Ángel… En el patio viven otras tantas familias con muchos niños y a menudo vienen a ver si en nuestro terreno hay frutas maduras para comerlas o llevarlas a sus casas.  El 13 de enero llegan los niños y me dicen: «Sylvie está gravemente enferma». ¿Qué sucedió? pregunté. «Sí, tiene meningitis».

Corro a su casa. Los parientes me dicen que Sylvie se encuentra en Alabul, en una clínica del lugar, que no se asemeja ni lejanamente a las europeas.

Voy a verla y encuentro a la pequeña en cama con mucha fiebre. El papá me dice que por cuatro días han dado vueltas de un hospital a otro para encontrar alguno que recibiese a la pequeña, por el poco dinero que tenían.

Cuando veo a Sylvie ardiente de fiebre y su papá me asegura que le han diagnosticado la meningitis, no pude contener las lágrimas. Pregunté a las enfermeras qué tratamiento le estaban haciendo, me dijeron que después de las inyecciones le hacen baños fríos para hacer bajar la fiebre que era demasiado alta. Sé que la meningitis a menudo es mortal para los niños, especialmente para los niños de aquí y si sanan, la enfermedad deja graves secuelas. Me arrodillé cerca de Sylvie y con su papá rezamos intensamente por ella. Sólo Dios puede hacer lo que nosotros no podemos y deseamos con todas nuestras fuerzas.

Después de haber rezado, su papá me dijo que en la noche la niña le ha pedido continuamente de venir a llamarme para que fuera a dormir con ella porque se sentía muy mal. Pero ahora Sylvie ya no habla más.

Puse bajo su cabecita la imagen de la Primera Maestra Tecla y dije a su papá de rezar con fe a Dios a través de la intercesión de Sor Tecla, ya que ella quería mucho a los niños y ciertamente habría intercedido por Sylvie. Regreso a casa. Donde la oración fue más intensa. Toda la Comunidad rezó por Sylvie.

Al día siguiente voy a ver cómo van las cosas y me asombro de ver a Sylvie en la cama, con un pedazo de pan en una mano y en la otra la imagen de M. Tecla. Me dije a mí misma, ¿es posible? Sí, es posible, porque Sylvie sonríe… ¡La abrazo con emoción y alegría infinita! Su voz es débil como un hilo que está por cortarse, pero su vida está salvada. Me muestra la imagen de Tecla y su papá dice que la ha tenido siempre en la mano y que la miraba cada vez que se despertaba. Aún más, Sylvie después dirá, que Tecla ha estado siempre sentada a su lado rezando, como está en la imagen.

Un hecho es cierto. Sylvie está fuera de peligro. Dejará la clínica porque cuesta mucho, pero por algunos días su papá la llevará en bicicleta 3 veces al día, aunque la pequeña está muy débil, para terminar el tratamiento comenzado. Las inyecciones le producen mucho dolor, pero no se queja nunca, porque sabe que su sufrimiento es una oración poderosa por la paz de su país y del mundo.

Desde el mes de febrero Sylvie ha reanudado sus estudios, el segundo grado elemental; con frecuencia, al regresar a su casa, siento una suave voz que me dice, “Bonjour, ma soeur”. Levanto los ojos y veo la sonrisa de nuestro Ángel sanado.

Gracias Señor, que escuchas nuestras oraciones. Gracias Maestra Tecla por tu intercesión ante el Maestro de la Vida. Gracias por haber protegido a Sylvie, esta pequeña flor de la remota floresta del Congo.

sr. Franca Perona

 

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