Una luz en los ojos

Un recuerdo sobre la Primera Maestra Tecla Merlo

Habitaba en la Colina Volpi, zona de la periferia de Roma, que en la parte baja limitaba con la Sociedad San Pablo de via Alessandro Severo y por la parte alta con las Hijas de San Pablo de via Antonino Pio.

Cuando, hacia los quince años, comencé a pensar en una posible consagración al Señor, frecuenté el Santuario Regina degli Apostoli para la Eucaristía cotidiana. Terminada la Misa, cada día, precisamente, a la salida del portal, me cruzaba, con la Primera Maestra: yo la saludaba con un devoto «Sea alabado Jesucristo» y ella me respondía, mirándome afablemente, «Siempre sea alabado». Aquella mirada, que salía de sus grandes ojos marrones, tan luminosos, me hacía sentir muy bien y la he conservado en mi corazón por toda la vida.

Cuando, algunos años después, me encontré con P. Alberione, él mismo me orientó hacia las nacientes Hermanas Apostolinas, si bien le había confiado que estaba pensando en las Hijas de San Pablo. Al inicio, su propuesta, me dejó, más bien perpleja; Esto lo hablé con hna. Mercedes Migliardi, Hija de San Pablo, que me seguía un poco en mi camino vocacional y ella me dijo que lo hablaría con la Primera Maestra, que sabía de mi tendencia por las Hijas de San Pablo. Maestra Tecla, respondió: «Di a Giuliana (es mi nombre de bautismo) que estoy muy feliz de lo que le ha dicho el Primer Maestro».

Cuando después de dos años, entré con las Apostolinas, ella me ha hecho llegar un lindo paquete de sábanas y toallas, para agregar al ajuar. ¡Además de ser una mujer de Dios, era también una mujer muy práctica! En aquellos años (1955-1958), mi familia se encontraba en una seria dificultad; la Primera Maestra, informada de la situación, ha estado muy cerca, ya sea a través de algunas Hijas de San Pablo que nos conocían – especialmente hna. Mercedes Migliardi, hna. Giuseppina Jezzoni y hna. Clementina Laudanno – como a través de gestos tangibles, como el envío de hermosos géneros para vestidos. Recuerdo en particular un género para blusas que, una vez hechas, las usaba con gusto porque eran de verdad bonitas y por lo demás eran “las blusas de la Primera Maestra”.

Ya entre las Hermanas Apostolinas, seguía sintiendo su presencia, siempre atenta y discreta, no sólo por mí individualmente, sino por todas las Apostolinas, algunas de las cuales ella conocía desde tiempo. Recuerdo que, en una asoleada tarde del verano de 1957, vino a encontrarnos muy rápidamente, para entregarnos una grabadora para que pudiéramos grabar las meditaciones e instrucciones que nos daba p. Alberione. Aquella grabadora, que todavía conservamos y sigue funcionando, en algunos casos, nos ha sido de gran utilidad en el trabajo de transcripción de las meditaciones, del Primer Maestro, que estamos publicando.

Luego, cuando se ha tratado de hacer la vestición religiosa y el hábito estaba listo, el Primer Maestro, ha querido que Maestra Tecla, viniera a nuestra casita de Castel Gandolfo para ver el modelo, vestido por una Apostolina y diera su autorizado parecer.

Y todavía: en 1961, en ocasión de la preparación de la primera Muestra de las Vocaciones, querida por p. Alberione y realizada en Alba, en septiembre del mismo año, la Primera Maestra, no ha escatimado personas ni medios que pudieran ayudar a las Apostolinas, en esta su primera experiencia.

En fin el último recuerdo: la Primera Maestra, estaba internada en el hospital Regina Apostolorum di Albano, porque estaba gravemente enferma. Cuando era inminente su encuentro con Dios, he tenido la gracia de verla: p. Alberione, estaba cerca de ella, rezando; ella tenía los ojos entreabiertos, en espera de abrirlos para siempre a la luz de Dios. Para mí era como si los tuviera todavía abiertos y me mirase como cuando la encontraba en el Santuario… Le rezo siempre y su presencia fuerte y amorosa me acompaña cada día.

Como conclusión, agrego un pensamiento que quiere ser un enorme gracias: ante todo al Señor, que ha donado la Primera Maestra a ustedes, Hijas de San Pablo y a toda la Familia Paulina. Y luego un gracias a ustedes, queridas hermanas mayores, que siempre han estado cercanas a las Apostolinas, con el corazón y en tantos modos concretos.

¡Han aprendido bien la lección de vida de su (y nuestra) Primera Maestra!

Maddalena Verani, ap