MI TESTIMONIO SOBRE LA VENERABLE TECLA MERLO
Cuando pienso en mis primeros pasos en la Sociedad San Pablo, mi memoria se colorea inmediatamente de la presencia discreta, pero profundísima, de la Venerable Tecla Merlo. No la conocí en persona, pero su figura me llegó como una madre que acoge sin bullicia, como una luz que guía sin imponerse. Desde mi ingreso en la congregación sentí una cercanía especial, casi filial, hacia esta mujer extraordinaria a la que el Beato Santiago Alberione llamó, de ser la joven y sencilla Teresa, costurera y catequista de Castagnito, a convertirse en “la Prima Maestra”.
Hay un aspecto de mi historia vocacional que hace que este vínculo sea aún más profundo: mi vocación paulina nació gracias al encuentro con las Hijas de San Pablo. Fueron ellas, la congregación femenina que Alberione fundó con la visión, la ayuda y la maternidad de la Venerable Tecla Merlo, las que me hicieron descubrir la luz del carisma paulino. A través de su apostolado, su laboriosa serenidad, su manera de vivir el Evangelio en la comunicación, intuí que en esa espiritualidad también había un lugar para mí. Fue un encuentro providencial, que llevo en el corazón como un don. Pensar que todo esto nació del sí de Tecla, de su docilidad y de su valentía, da a mi camino un sabor de gratitud aún más intenso.
Siempre me impresiona la forma en que Alberione vio en ella lo que aún no era evidente a los ojos del mundo: un corazón capaz de maternidad espiritual, una inteligencia práctica y visionaria, una fe sólida pero nunca rígida. La eligió para iniciar las Hijas de San Pablo, y en esa llamada se guardaba la semilla de algo que florecería para toda la Familia Paulina. No en vano, hoy la recordamos como la madre de esta gran realidad eclesial, una madre que supo sostener, animar, consolar y orientar.
Mi gratitud hacia Maestra Tecla nace precisamente aquí: en reconocer que su maternidad sigue generando vida también hoy, en nuestras vocaciones y en nuestros caminos cotidianos. Cada vez que me encuentro con sus escritos, con sus palabras sencillas y concretas, percibo una presencia viva, un calor reconfortante. Me siento acompañado por ella como por una guía que no habla mucho, pero que sabe estar al lado con determinación y dulzura.
Una de las dimensiones que más me fascina de Tecla Merlo es su equilibrio espiritual: una mujer profundamente unida al Señor, pero siempre inmersa en la realidad, atenta a las necesidades de sus hermanas y hermanos y a las exigencias del apostolado. Aquí se inserta otro vínculo fuerte que siento con ella: la referencia al canónigo Francesco Chiesa. Si Alberione fue el fundador que abrió horizontes, el canónigo Chiesa fue para la Maestra Tecla un guía espiritual, formativo, catequético y pastoral. Su figura, tan importante y luminosa para mí, se convierte en un puente más que me acerca a la Venerable. Saber que ella misma se formó en su escuela espiritual me hace sentir en continuidad con un patrimonio que no es solo histórico, sino vivo y generativo.
A medida que avanzó en mi camino paulino, me doy cuenta cada vez más de cómo la presencia de Maestra Tecla ha tejido, casi silenciosamente, la trama de mi vida religiosa. Ella me enseñó, con su ejemplo, que la santidad no se construye con gestos extraordinarios, sino con la fidelidad cotidiana; que el apostolado es un servicio de amor; que la comunicación, antes que ser técnica, es relación y don.
Siento a la Maestra Tecla como una madre que conoce los pasos de sus hijos, que anima sin engañar, que apoya sin sustituir, que señala a Cristo como centro y motivación de todo. Su docilidad al Espíritu y su profunda unión con el pensamiento y el corazón de Alberione han dado a la Familia Paulina una forma que aún hoy nos educa, nos inspira y nos orienta.
Por eso, cada vez que pienso en mi vocación —nacida a través de las Hijas de San Pablo, crecida en la Sociedad San Pablo y culminada en el don del sacerdocio— no puedo dejar de incluirla en el camino: una madre, una hermana, una guía; una mujer que supo vivir la radicalidad evangélica con mansedumbre y valentía; una presencia que sigue generando luz.
Así pues, mi testimonio se resume en una sola palabra: gratitud. Gratitud por lo que la Venerable Tecla Merlo ha dado a la Familia Paulina. Gratitud por lo que sigue dándome a mí, personalmente, con su maternidad espiritual. Gratitud por aquel primer encuentro delicado y misterioso con las Hijas de San Pablo, a través del cual el Señor hizo brotar mi vocación.
A ella, madre y hermana, le dirijo mi más sincero agradecimiento. Y confío a su intercesión el deseo de seguir caminando con el mismo corazón confiado con el que ella respondió a la llamada, colaborando con el Beato Alberione y dejándose formar por el canónigo Chiesa. Que ella me guíe aún, como ha guiado a tantos, hacia una vida apostólica completamente entregada al Evangelio y a la misión de la Iglesia.
Padre Guido Colombo SSP