Fui conquistada por su bondad

Conocí a Maestra Tecla en circunstancias extraordinarias. Yo tenía sólo nueve años y mi padre, al morir mamá, quería confiarme a las Hermanas de San Pablo, que habían abierto una casa en Susa (Turín).

Por un error, en la carta de solicitud para la aceptación, figuraba que tenía 19 años, en vez tenía sólo nueve años y fue grande la sorpresa cuando Sor Tecla vio venir a su encuentro una niña. Para la comunidad de Susa era demasiado pequeña. Por esto M. Tecla, con pena, le dijo a papá que no podía aceptarme.

Pero papá inmediatamente respondió que sin su esposa no sabía cómo podía tomarse el cuidado de mí. M. Tecla se conmovió y pensó, y decidió hacer una excepción, declarando que primero pediría la autorización al Fundador, teólogo Alberione.

A partir de aquel día M. Tecla me quiso mucho y me hizo de madre. Sin embargo yo era muy tímida y apegada a mi padre. M. Tecla me consolaba y hacía de todo para que estuviera contenta.

Debido a mi insistencia y a mis lágrimas, en la Navidad de 1922, mi hermano vino a buscarme. A M. Tecla le disgustaba que me fuera, temiendo que no regresara más y al partir me saludó con mucho afecto y bondad, regalándome dulces y diciéndome que me guardaría los regalos que Jesús Niño me traería en Susa. Su bondad ya me había conquistado.

En 1924, la comunidad de Susa fue trasladada a Alba. Nosotras que éramos las más pequeñas, nos preguntábamos con ansiedad quién sería nuestra superiora, pero todas esperábamos que fuera Sor Tecla, habiendo experimentado su sabia bondad materna. Así ocurrió, con gran alegría de todas.

Maestra Tecla era para nosotras modelo de profunda humildad. Recuerdo estos dos hechos particulares. La comunidad de Alba iba creciendo y también las dificultades aumentaban proporcionalmente. Tal vez habría ocurrido algo que la preocupaba porque una vez, mientras la comunidad estaba reunida en el refectorio, M. Tecla se levantó y pidió perdón por todos sus malos ejemplos, diciéndose culpable de la privación de las gracias celestiales. Otra vez repitió el mismo hecho, en ocasión de su onomástico. Estos actos de humildad profunda y sincera, produjeron en nosotras deseos de ser humildes como ella.

Sor Irene Conti en Japón con Sor Agnes Leto

Su corazón de madre llegaba a proveer las cosas necesarias para todas nosotras. Recuerdo que muchas veces vino a ver mi ajuar para asegurarse que no me faltaba nada. A menudo M. Tecla me preguntaba cómo estaba y me exhortaba a ser buena para hacer feliz al Señor y también a mamá, que desde el cielo me veía y me protegía.

Al final de la segunda guerra mundial, comenzaron las salidas para las misiones. Yo fui mandada a Japón. Lo deseaba desde hacía un tiempo, pero sentía mi incapacidad y falta de preparación. Manifesté mis temores a M. Tecla y ella me animó y me exhortó a confiar mucho en el Señor. Me habló con tanta fe, que sus palabras me tranquilizaron del todo.

El Señor ha hecho grandes cosas en M. Tecla porque su fe era ilimitada y también su confianza en Él. Tenía una amplitud de miras maravillosa y un corazón grande como el mundo. Quería llegar a todos, usar los medios más poderosos y eficaces para atraer a muchas personas al Señor, estaba abierta a todos los problemas de la época, conocía los signos de los tiempos y por esto trataba de ponerse al día con nuevos medios de apostolado, para hacer el mayor bien posible.

con la hermana Sor M. Ida

La última visita que hizo en Japón me dejó un recuerdo duradero, porque ella sentía que este sería su último encuentro con nosotras, y lo manifestó a algunas hermanas. Los últimos momentos fueron conmovedores. Todas a su alrededor, todas queríamos besarle la mano y recibir su bendición. Ya en el avión, estuvo en la escalera hasta el último momento para saludarnos y vernos el mayor tiempo posible. Estos últimos instantes nos hicieron sentir cada vez más su corazón de madre en el que estaba encerrado su ilimitado y ardiente deseo de que todas nosotras respondiéramos a la vocación religiosa paulina, que es vocación a la santidad.

 

El 15 de abril 2013, Sor Irene, comunidad de Roma/DP, cumple 100 años. Con mucha alegría y reconocimiento, dirigimos nuestros más afectuosos augurios a esta gran misionera, de corazón siempre joven, que ha llevado el Evangelio a Japón, Corea, Australia, Estados Unidos, Taipéi y Hong Kong.
Sor Irene Conti(1913-2014)